APERTURA A. IÑIGUEZ

A continuación unas notas que el aperturista de la vía nos dio, sobre aquellos años 80 y los recuerdos que la apertura de esta mítica vía le traen.

Alfredo Iñiguez es el autor y los derechos son suyos:

 

La memoria nos juega en ocasiones malas pasadas. A la hora de hablar de los Ochenta, la distancia de casi tres décadas puede llevar a confundir lo vivido con lo soñado. Es por eso por lo que que ciertas referencias son como faros en el proceloso mar de los recuerdos.

Esta bien decir bota dura, con todo lo que implica, transición al pie de gato y nos entendemos a la perfección. Pero si citamos Súper Gratton, se nos encienden los ojos…Estas fantásticas herramientas pertenecen en realidad a los últimos años setenta y en una opinión generalizada entre los recios de la época; su diseño como calzado alpino rozaba la perfección. Una verdadera pena que no se fabriquen hoy en día. De la misma manera el viejo diseño del casco Galibier, que Climax fusiló, junto con el arnés Willians: El Troll o el Mark 5, unos pantalones blancos y unos aluminios Simond y no menos importante, una melodía fijada en el córtex, Rollings para nota. Zepellin, matrícula de honor.

Hay décadas que conforman diez años: Perogrullada. La que nos ocupa nació adulta...1980...Nunca hubo, pienso, tanta concentración de talento a la vera del Urriellu: La Sabadell, Mediterráneo, El vuelo del Dragón, Capricho de Venus, Amistad con el Diablo, Pilar del Cantábrico..... El Cainejo; tal como se abrió, el que suscribe, recibió uno de los regalos más grandes de su vida viendo desde la Martínez Samoano, maniobrar al Marqués de la Vega: Claudio Sánchez, Tito, surcar el mar de la cara Este, una mañana memorable.

Decía Gálvez, el de los quintos superiores, que en el fondo éramos unos aficionados y tenía y tiene toda la razón objetiva. Salvo los "Murcianos" y el gran Sevi, así era. Medio hippies, apenas se entrenaba, incluso estaba mal visto. Pero nadie discute, casi  treinta años después que el año 1980 está en la mitología del alpinismo español.

Decía el gran Pedro Udaondo, junto con Schulze, el máximo piquista de todos los tiempos que el Ochenta rozaba el milagro. Él, que por supuesto y varias veces, surcó las rutas de la cosecha, sabía de bouquets.

Imaginaros amigos, el guarda era Tito ¡¡¡Chiliiin!!! El ambiente estaba garantizado, yo, que apenas tenía dieciocho años, me pasé casi todo el verano en Urriellu y fui testigo de esas aperturas, hay anécdotas  increíbles, una tarde de julio y tras varios días de mal tiempo, la guardería se había quedado sin un pobre chupito que llevar al coleto aquella noche y tras cenar, solo se nos ocurrió sortear una expedición a Bulnes en busca de suministros etílicos.

 

 Podríamos ser unas veinte personas, los murcianos, Wenceslao y Valett de la Sabadell, Torres, Francis, Tito y un servidor del Principado, Cristian,  Mora y Gálvez del Foro………..

 

En fin, quiso el destino que fueran Torres y Francis los expedicionarios, bajo un telón de agua de dimensiones bíblicas, en una noche negra, que daba miedo, descendieron a Bulnes por Camburero y en poco más de tres horas estaban de nuevo en la Vega para alborozo de los allí presentes, no os voy a engañar, las horas siguientes fueron épicas, pero ¡Ay amigos ¡Al amanecer, el día perfecto, límpida atmósfera, y una patética banda de desechos humanos.

 

 Los Gallego, que actuaban como profesionales, en un esfuerzo digno de encomio ascendieron por sus cuerdas fijas a mediodía, mientras que a lo largo y ancho de la Vega yacía la flor y nata del  Urriellu en unas condiciones lamentables.

 

Era un tiempo donde el valor y la intuición primaban sobre el entrenamiento específico, aunque en confianza os diré, que éramos más alpinistas en el sentido tradicional del término, puesto que aprendíamos  en el mismo terreno que a la vez era el objetivo de nuestros afanes. Sabréis de los problemas que las nuevas generaciones tienen para transferir lo practicado en el rocódromo o en las escuelas normalmente hiper/aseguradas, al ámbito de la alta montaña, pero en fin es ley de vida y cada generación tiene sus propios problemas. Los nuestros eran fundamentalmente la falta de medios.

 

De Amistad con el Diablo, lo primero el nombre, viene del tema de los Rollings, Sympathy for the Devil. 

 La abrimos en cuatro días con muy pocos seguros, tres el largo más equipado y éstos, eran tornillos de diez mm., perforábamos la caliza con un burilador de 9 mm y al introducir un tornillo de mayor diámetro, quedaba fijado.

 

Éramos amantes de los Stones, pero también de Zepelling, tras un cambio de opiniones, memorable, yo le dije a Christian que si la bautizábamos en castellano, simpatía no quedaba bien; Amistad era recurrente y las siguientes generaciones iban a hacer suya la ruta y durante muchos años la gente entendería igualmente el origen del nombre.

 

Je Je, ganamos. Vinieron el Rescate Emocional,  Brown Sugar......ect....  etc.......

¡Ojo!.. Debo una vía a Zepelling......

 Nuestros buriles aseguraron al personal durante más de veinte y cinco años, con buenos saques…  

 

…Recorre la parte central de la este, la gente no daba un duro porque pudiéramos pasar en libre, la verdad que desde abajo ni nosotros mismos lo teníamos nada claro, fue un ejercicio de concentración y de resistencia, parándonos en los pasos y taladrando en equilibrio, sin otros medios artificiales. Desnivel en el especial  El Picu, nº 132, la describe como la vía más bonita de la pared, estoy convencido de que su belleza viene del hecho siguiente, nosotros no la abrimos, la descubrimos, ya estaba allí.

 

Lo que no sabe la gente es el hambre que pasamos, apenas teníamos comida, quizá algún paso lo dimos por etéreos……. 

 

VOLVER